El Mandala

Los mandalas, términos provenientes del sánscrito que significan “circulos”, son probablemente tan antiguos como el género humano. Son unos diagramas sumamente decorativos y simétricos que se utiliza para concentrarse en la meditación. Para los más entendidos son, sobre todo, representaciones esquemáticas y simbólicas del macrocosmos y del microcosmos que se emplean en el budismo y en el hinduismo.

Mandala tibetano

Estructuralmente, el espacio sagrado que es el centro del universo y soporte de la concentración está representado como un circulo inscrito dentro de una forma cuadrangular. El circulo, un simbolo fascinante que carece de principio y fin, es el mandala más básico de todos. Aunque en el interior del circulo puede haber otras figuras geométricas como un cuadrado o un triángulo, el circulo sigue siendo la característica principal de los mandalas. El circulo encierra en su interior un espacio simétrico en el cual cada uno de los puntos de la circunferencia es equidistante del centro. Constituye el eje inmóvil del mundo que gira y protege el espacio sagrado donde uno halla la tranquilidad y la paz. Es también la rueda de la vida y el simbolo de la perfección y de la eternidad.
La mayoría de culturas posee configuraciones mandálicas o mandaloides. Cuando se mira, por ejemplo, las mandorlas del arte románico o bizantino, o sea, marcos o aureolas en forma oval o de almendra dentro de la cual hay insertados los personajes sagrados o los rosetones de vitral en las iglesias principalmente góticas se admira precisamente las configuraciones de este tipo.
Uno de los ejemplos más conocidos es también la cruz celta cristiana en la que el centro del circulo es, al mismo tiempo, el centro de la cruz.

Roseta de la catedral de Notre Dame en París

El arte sagrado islámico, en el que se prohíbe representar a Alá o a Mahoma, está repleto de figuras geométricas. Entre ellas un segmento circular, la media luna, que acompañado de un circulo completo en forma de estrella, representa a Dios.
La planta de los templos hindues suele tener la forma de un mandala que simboliza el universo, con las puertas situadas en cada uno de los cuatro puntos cardinales. A veces estos se asocian con un color: el amarillo corresponde al norte, el rojo al este, el negro al sur, el blanco al oeste y el verde el de la creación corresponde al centro. El centro es el lugar donde los cuatro puntos cardinales se unen y del que surgen.

En el budismo los mandalas son una característica fundamental de la tradición tibetana y algunas de sus formas elaboradas representan el viaje místico que el meditador realiza de la ignorancia a la Iluminación. Estas formas tienen un significado simbólico. La cruz encarna el descenso de la divina fuerza vital en la materia, el circulo la perfección y el cuadrado el equilibrio, la seguridad y las cuatro direcciones cardinales. El triángulo apuntando hacia arriba representa la ascensión del ser humano hacia lo divino y el que apunta hacia abajo lo divino entrando en contacto con el ser humano.

Budistas tibetanos haciendo un mandala

Los tradicionales mandalas budistas suelen tener cuatro colores básicos: el blanco, el amarillo, el rojo y el verde. A estos cuatro colores no solamente se les atribuye las cuatro direcciones cardinales sino también los cuatro elementos de la personalidad humana. Dichos elementos son análogos a los que el psicólogo Hans Eysenck identificó como: extroversión, introversión, estabilidad y neutrotismo. El blanco simboliza también la pureza, el amarillo el principio divino expresado en la materia, el rojo energía y fuerza vital, el azul el infinito y la paz, el púrpura y el violeta el misticismo y los logros espirituales y el verde, el mundo natural.

Mandala con los cuatro colores básicos en el centro

Y si se habla del mundo natural observando la naturaleza uno se da cuenta de que esta también está repleta de “geometría sagrada”. La simetría de los pétalos de rosa o la delicada arquitectura de la hoja de un árbol se asocian a los mandalas.

Una rosa con pétalos muy simétricos

En la tradición oriental los mandalas acarrean un elaborado simbolismo religioso y son muy coplejos y, en algunos casos, incluso impenetrables. Pero pintar mandalas es una de las técnicas orientales más eficaces de relajación. Fortalece la creatividad y además puede ser expresada por cualquier persona de cualquier edad y en cualquier momento de su vida sin una preparación previa ni conocimientos especiales.

Carl Gustav Jung, el gran psiquiatra suizo, dedicó una parte de su vida profesional a estudiar a fondo los mandalas. Descubrió que a medida que sus pacientes iban progresando en las sesiones de psicoterapia empezaban a crear espontáneamente sus propios mandalas y que estos tendían a volverse más harmoniosos. Para Jung los mandalas estaban relacionados por lo tanto no sólo con el rasgo espiritual de una persona sino también con su salud psicológica.
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