Esos malditos 27

Una edad que a muchos ha marcado, ya sea por su lado bueno o por el malo. Una edad que parece muy simple, muy fácil porque, total, sólo se trata de soplar una vela como dicen algunos. 

Te levantas de un día para otro y resulta que eres un año más mayor, más viejo, más maduro, más experimentado, en definitiva, más inteligente. ¿Pero realmente es así? ¿O simplemente te dejas llevar por la corriente de acontecimientos inesperados que trazan tu día a día? Vamos a verlo.

Hace poco crucé la frontera de los 27, una edad que te hace pensar, como todas las edades creo yo.  Y es que los 27 son muy particulares empezando por el conocido “Club de los 27” donde genios de la música perdieron su estela y desaparecieron de la escena musical “life” para siempre. Nombres destacados como Brian Jones, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison, Kurt Cobain o Amy Winehouse. Gran parte de estas pérdidas es debida a los excesos peligrosos de algunas de estas estrellas. Otras se medio esconden para no dilatarse en un artículo inesperado de un don nadie del “The New York Times“. 
 
club de los 27
El Club de los 27
 
Y es que los 27 son muy particulares empezando por el conocido “Club de los 27” donde genios de la música perdieron su estela y desaparecieron de la escena musical “life” para siempre
Nada más ponerme a buscar el significado de mi edad me he topado con varios artículos online que sinceramente han empezado a preocuparme. Uno de ellos dice que “la vejez mental comienza con los 27“, otro en cambio afirma que “hoy la adolescencia se extiende hasta los 27” o lo mismo “la madurez se instaura en individuos de 27 para arriba“. ¡Vaya ánimos me estoy dando! Sin embargo, adentránome en varios de estos textos, algunos de ellos estudios científicos, me doy cuenta de que no estoy tan en desacuerdo con unos cuantos planteamientos realizados. Por ejemplo: tener estabilidad financiera, no depender de nadie para poder vivir dignamente. Eso es cada vez más difícil y el grado de frustración aumenta con cada día que pasa. Otro ejemplo: estabilidad emocional. Si, vale, hay quien la tiene, pero la gran mayoría de mis amigos y amigas no. ¿Por qué? ¿Qué pasa con estos 27? ¿Hay alguna maldición que circula? Hay muchas maneras de responder a esta maldición. Hay quien me diría que simplemente se trata de un listón demasiado alto que me he puesto yo a mi misma, y que gente hay como peces en el mar y oportunidades también. Pues bien, desconozco las razones por las que no logro ser un ser humano normal y tener cosas tan simples y baratas como un poco de atención no fraternal, ni paternal. Eso aparece y desaparece pero a mi me cuesta mucho. Como con el trabajo. Tienes y no tienes, va y viene, llega y se va. Y lo peor de todo, mi inconformidad con lo que tengo. Siempre quiero más, como si padeciera de algo que me impulsa a más. No a poseer grandes cantidades de bienes inmuebles. Simplemente más de lo mío: más suerte, más trabajo, más felicidad y más de lo mismo. 
Veintisiete
Llegado a este punto lo que más me apetece es marcharme, desaparecer, teletransportarme a un mundo paralelo en el que todo es bueno, bonito y barato. Me encierro en mi imaginación e intento delinear conceptos que me ayuden a entender. Es cuando me doy cuenta de que los propósitos que  había trazado y que quería cumplir llegada esta edad no se han cumplido. Así que dejo de querer preocuparme y sinceramente no me planteo posibles estabilidades emocionales. No me llenan. Y creo que llegada mi edad he cruzado una frontera, he abierto una puerta nueva y quiero respirar aire. Así que hay una cosa de estos malditos conceptos de los 27 que sigue interesándome. Me sigo buscando a mi misma, sigo queriendo saber a dónde me llevan los malditos 27, a dónde quiero ir y qué va a pasar durante estos 365 días. Sé que quiero sonreír y lograr uno de estos objetivos, no me voy a rendir. Me gusta quién soy, me gusta cómo soy y me gusta mi trabajo. Ese es mi objetivo. Todo lo demás lo aparco. No me interesa. No quiero ni pido nada más. Y sé una cosa, por muy poco que pueda ser, sé que me voy a cerrar a muchas cosas y voy a replantearme mi índice de este libro llamado “vida”. ¿Quién sabe si a los del “Club de los 27” no les pasaba lo mismo que a mi. Bueno, vale, quizás eso de la estabilidad financiera no era justamente uno de sus problemas. Pero ¿quién sabe si en parte la razón no se esconde detrás de lo sentimental? Esos malditos 27, cuánto esfuerzo están costando.  
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