¿A qué se debe el estrés en interpretación?

Si hace unos días hablábamos de los síntomas del cansancio en la traducción y la interpretación hoy vamos a seguir en la dirección del análisis y os explicaremos las características del estrés en interpretación. Es bien sabido que por estrés se entiende (según la definición que presenta la RAE): Tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves. Así pues, la interpretación no se salva de los efectos del estrés.

Hoy en día el estrés está presente en muchos ámbitos y profesiones más o menos ligadas a las lenguas, pero si algunas de estas profesiones implican ya de por sí un elevado grado de estrés, imaginad qué pasa si éste aumenta; es algo así como una tragedia griega o una bomba atómica a punto de estallar. Vamos a analizar los motivos por los que el estrés entra a formar parte de la vida profesional de un intérprete y el por qué.
estrés en interpretación

 La interpretación no se salva de los efectos del estrés.

  • La preparación: algo tan básico y a la vez determinante como estar preparados para una conferencia y una sesión de unas cuantas horas de “encierre” profesional en cabina implican una preparación previa. Lo mejor: la consciencia y el análisis de los puntos débiles para focalizar los esfuerzos. Lo peor: la falta de tiempo, medios y/o actitud para lograr estar preparados.
  • La falta de seguridad: creer en nuestras propias capacidades es fundamental a la hora de interpretar. A pesar de equivocarnos hay que seguir hacia adelante y no pararse, no dejar que hayan silencios prolongados e inesperados. Lo mejor: saber que la seguridad en uno mismo se construye a base de estudio, constancia y agilidad. Lo peor: quizás podríamos reciclar los puntos débiles del apartado anterior ya que también se pueden aplicar en este. ¡Que no falten ganas de mejorar!
  • El miedo escénico: hace poco leía un buen artículo muy recomendable sobre el temor a interpretar en un escenario de una intérprete profesional que describía algunas características de este fenómeno. Se daban algunas buenas ideas que reciclamos con su permiso. Lo mejor: pensar en nosotros mismos y no prestar demasiada atención a las diferentes caras del público. Lo peor: concentrarse en la actitud de quienes nos escuchan dándole demasiada importancia por lo que se crea inseguridad seguida de fallos, más fallos y un final infeliz.
  • El silencio: si hay algo peor que podemos hacer cuando interpretamos es callarnos mientras el orador, el público y los jefes nos escuchan. Mi profesor de interpretación nos decía en clase que en casos no extremos y para evitar silencios hacía un resumen aproximado de lo que había entendido si el grado de estrés que llevaba encima era muy grande. Todo esto para evitar el silencio. Y en el día a día de esta profesión lo he aplicado y ha sido una muletilla útil, quizás no de las mejores pero imagino que ha sacado las castañas del fuego a más de uno. Lo mejor: la capacidad de entrar en el tema de tal modo que en un momento de confusión o posible pérdida seamos capaces de seguir hacia adelante y salir a flote para seguir con el discurso. Lo peor: callarnos y esperar a que el orador acabe su frase ante la incredulidad del público que empieza a controlar si sus auriculares funcionan, si ha desenchufado el cable por equivocación, si ha bajado el volumen sin darse cuenta o de si somos nosotros, los intérpretes, los que nos hemos encallado.
  • Los números y los nombres propios: si la combinación lingüística con la que trabajamos tiene una construcción numérica que podemos denominar “complicada” y nos pilla por sorpresa hay maneras de maquillar esta falta de atención momentánea. Lo mismo pasa con los nombres propios, apellidos y demás denominaciones que pueden resultar tener un grado de dificultad añadida. Lo mejor: aprovechar el tiempo antes de la conferencia y apuntarse los nombres, posibles números y demás datos de interés. En caso de que no fuese posible y nos despistáramos se puede disimular con “una determinada/específica/destacada/importante cifra” o cualquier otro sinónimo bien empleado. Lo peor: el abuso de sinónimos, muletillas, maquillaje y soluciones de este tipo. ¿A quién le gusta un maquillaje excesivo?
  • El cansancio: ya hablamos de él y volvemos a reciclarlo. Si te cansas pide un cambio a tu compañero de cabina – si tienes la suerte detener uno, si no la tienes, focaliza tu atención y emplea frases simples sin demasiados adornos y complementos. En una conferencia me pasó que el orador no dejaba mezclando lenguas continuamente y pasado un tiempo empecé a cansarme y a bajar el rendimiento gracias al “juego” de las tres lenguas (si, si, no dos sino tres!). Tenía un lápiz que casi siempre suelo tener cuando hablo en público en un escenario y llegando al final de la conferencia lo rompí (me lo cargué literalmente). Lo mejor: tener un compañero de cabina alucinante que se dé cuenta él/ella mismo/a de cuándo darte el relevo. Lo peor: no tener al compañero, no tener un lápiz que romper y ponerse nervioso.
  • La falta de papel (u otros recursos imprescindibles como una botella de agua, un vaso o lápices y bolígrafos): quizás este punto podría ser un apartado del primero de este artículo, el de la preparación. Os lo explico. Pues bien, si trabajáis con vuestra libreta “mágica”, sería conveniente revisar si hay suficiente espacio para ir apuntando detalles lingüísticos en ella. Una vez al trabajar con una compañera nueva de cabina vi que usaba una página para una sola expresión o palabra (suelo aprovechar más las hojas, a decir verdad, pero a gustos colores); si sois de esos, revisad que no os quedéis sin hojas antes de empezar (o incluso antes de salir de casa). ¡Y no os olvidéis de los lápices, bolígrafos y demás material imprescindible! Lo mejor: somos tan observadores que seguro que nos daremos cuenta mucho antes de quedarnos sin una sola hoja de papel. Además, nuestro compañero de cabina llevará una libreta magnífica que ambos podremos utilizar y tendremos una botella de agua y un vaso a nuestra disposición en cabina. Y los lápices y bolígrafos los llevamos siempre, además de tener un par siempre en el bolso Lo peor: no tener tiempo, olvidarse por completo de la preparación previa, que al compañero le pase lo mismo que a nosotros o que directamente no traiga la dichosa libreta, que se acabe la tinta del boli y el lápiz esté hecho polvo, ya no menciono ni siquiera la botella de agua y evito hablar del vaso. 

la interpretación no se salva del estrés

 

Como bien sabéis, cada persona es un mundo diferente por lo que cada especialista del ámbito de la interpretación puede tener más o menos estrés y focalizarlo en algún determinado punto. Ahora bien, lo importante es no dejarse llevar por el pánico y saber sacar las castañas del fuego. Para ello hay varias técnicas de preparación, relajación y demás trucos válidos. Se trata de un entrenamiento psico-físico, ya que el trabajo de un intérprete requiere todos estos puntos y mucho más. ¿Y a vosotr@s, qué os provoca estrés en cabina?

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5 thoughts on “¿A qué se debe el estrés en interpretación?

  1. Creo que abarcaste algunos de los puntos más fundamentales. Si nos referimos a factores que no tienen que ver con el discurso en sí, hay un par de cosas que me condicionaron a la hora de interpretar y que aumentaron notablemente mi nivel de estrés.

    Una es la calidad de audio: es fundamental conocer a los técnicos que se encargan y poder verificar antes el correcto funcionamiento de los equipos. Algunos intérpretes sugieren además tener cascos propios de alta calidad, por si los que proporcionan para trabajar funcionan mal o hasta claudican en el medio del trabajo. No es muy agradable tener dificultades para escuchar un discurso y cuesta mantener la calma. Aún recuerdo un examen en el que ¡toda! la clase suspendió por culpa de… un cablecito que estaba medio roto y causaba crujidos y otros ruidos de interferencia en el audio.

    La otra es no encontrarse bien, por lo que –pongámosle que haga frío/viento/humedad– es necesario extremar los cuidados de salud en los días anteriores a la interpretación. Como ya te conté en otro post, una vez tuve que dar un examen con una otitis aguda. Así y todo aprobé, pero nunca estuve más nervioso para interpretar y, además de tener un rendimiento muy inferior al que podría haber tenido por cuestiones puramente fisiológicas y psicológicas (porque te entrás a dar manija), es algo que también me sirvió de aprendizaje. Una intérprete con experiencia me contó que toma un integrador (cuyo nombre, lamentablemente, no me acuerdo) para ayudar a mejorar las defensas sobre todo del aparato respiratorio. A veces uno tiene la mala suerte de enfermarse y punto, pero si nos da justo la noche antes de interpretar, es un factor que condiciona mucho. Todos, con mucha razón, recomiendan descanso. A eso, le añadiría una dieta equilibrada, mucha agua, una bufanda y un gorro para proteger la garganta y los oídos.

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    • Muchas gracias por haberte tomado tu tiempo en contestarme. Tienes razón en cuanto al audio, no había caído en ello a pesar de llevarme conmigo siempre dos pares de auriculares de calidad en el bolso de dos colores diferentes para diferenciarlos y saber en un dado momento cuáles son mejores y más adecuados.
      En cuanto al estado de salud, es verdad que influye mucho, daba alguna que otra pincelada al respeto en el post sobre los síntomas del cansancio. Yo también he sufrido con el estado de salud teniendo por delante una interpretación, la primera vez me pasó, al igual que a ti, durante un examen en la facultad, y la segunda vez ya en una ocasión profesional.
      Así que gracias una vez más por tus aportaciones y buenas ideas 🙂 ¡Saludos!

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    • Muchas gracias Miquel, seguramente, como bien dices, varios de estos puntos pueden caracterizar a otras profesiones, en tu caso, el de periodista. Así que con el artículo simplemente pretendo aclarar y analizar estos puntos que tanto dolor de cabeza nos causan. Gracias y saludos 🙂

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  2. ¡Hola, Olga!

    Justamente hoy he leído un artículo que versa sobre el estrés en interpretación para mi tesis sobre personalidad y factores cognitivos que pueden afectar al rendimiento y a la calidad en traducción.

    En el artículo (obviamente, con una base científica) la investigadora decía que, en su estudio, precisamente lo que afecta a la calidad de la interpretación no es el estrés que al final vamos interiorizando y que se convierte en nuestro día a día (quizás por eso al final no nos estresamos tanto), sino que era más bien cuando el cliente nos obliga a cambiar de hábitos con los que estamos familiarizados. De hecho, decía que el estrés en sí (que creo que es el que tratas en tu artículo) es más propio de los estudiantes o de los intérpretes principiantes que de los veteranos. Sin embargo, aparece en estos últimos cuando nos cambian los hábitos como decía antes (como podría ser el último punto, por ejemplo, o cuando el cliente nos pide hacer algo que no estamos acostumbrados, como interpretar cantando su canción).

    ¡Saludos!

    Laeticia

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