El arte de reconocer tus propios errores y corregirlos a tiempo en tu traducción

equivocarse en traducciónNo puedo ser más escueta con el título. Y quizás con ello podría aparcar aquí el texto y deciros “id a tomar un café que es viernes por la tarde” pero no puedo. No puedo porque un traductor nunca descansa, nunca desconecta del mundo, de Twitter, Facebook, la televisión y los canales de información tradicionales y menos tradicionales. Un traductor nunca deja de aprender, descubrir, analizar y querer comprender. Pero toda esta serie de pasos hacia adelante conlleva dudas, confusiones y algún que otro error (ya sea por escribir a mil por hora para “ahorrar” tiempo, ya sea porque se es novel, ya sea por la razón que más os guste). 

El error

Hay de muchos tipos y de mayor y menor gravedad. Hay meteduras de pata horrendas, momentos de “tierra trágame” y esos de “¡no envíes el archivo adjunto que acabo de darme cuenta de…!”. Porque seamos realistas: somos humanos y se nos puede escapar algo (ojo que el verbo es “poder” no una afirmación seca y desafinada). Hay errores garrafales, palabras que van tan deprisa que se comen una letra de por medio o se dejan la coma. Hay veces en las que se abusa de una misma construcción, construcción, construcción… Perdón, ese era justamente el ejemplo. Y suma y sigue.

Un traductor nunca deja de aprender, descubrir, analizar y querer comprender.

El miedo, pánico o como te guste más llamarlo

Sí, es ese sentimiento que todos (tú también, no disimules) hemos sentido alguna vez en un examen, prueba donde se pretendía quedar de las mil y una maravillas, trabajo o lo que sea que conlleve una traducción. Y es que el mensaje transmitido ha llegado un poco distorsionado (casi siempre) sin querer. Es cuando sentimos calor, nos quedamos sin aire (imagínate a nuestra querida compañera de cabina cómo debe de estar la pobre), nos ponemos rojos, nos tiemblan las rodillas, sudamos la gota gorda y todas esas cosas tan desagradables. Eso es el miedo, una angustia reconocible que detectada a tiempo tiene solución siempre y cuando estés dispuesto a encontrarla.

Algunos errores dejan huella, otros no tanto

Uno de los errores más fastidiosos con los que nos podemos encontrar hace ya muchos años (y no precisamente en una galaxia muy lejana) es el que todo el mundo repite como un loro. Eso es debido a que muchos de esos loros desconocen el error que están reproduciendo una y otra vez. Se trata del clásico “Canal de la Mancha“. ¿Lo conocéis? Seguro que sí. Pero os lo cuento por si las moscas. Resulta que un genio de la traducción llamado “anónimo” tradujo en su momento de máximo esplendor el término francés “manche” por “mancha” (es de bien saber que “manche” en francés significa “manga”). Un falso amigo que se hizo espacio a base de codazos en nuestra lengua. ¿Quién no ha leído, estudiado o visto con sus propios ojos el Canal de la Manga, perdón, Mancha? Pues ahí lo dejo, a la espera de que se empiece a corregir.

errores en traducción

Saber aprender de los errores es fundamental

Puedo tropezar, puedo equivocarme y escribir “litte” y no “little” o “transaltion” y no “translation”. Eso me quita valiosos puntos, vale. Pero eso es lo que me ha pasado en un comentario con buenas intenciones boicoteado por la gran comunidad de sabios conocedores de la pureza infrangible de la lengua. Lo que sí no me quita es el valor de decir en voz alta que me he equivocado porque soy humana y sigo aprendiendo. Existen extensas tesis doctorales donde el resultado es un error de hipótesis, estudio o apreciación científica incorrecta. ¿Y qué? ¿Nos pondremos a fusilar a todo el mundo? Porque de seguir este camino no estarías leyendo este artículo, amiga mía o amigo mío. Así que humildemente admito equivocarme y humildemente admito corregirme y aprender. ¿No os suena la frase de “de los errores se aprende”? U otra parecida “hay que caerse para saber levantarse”? También soy consciente de que hay errores que cuesta corregir más y otros que con un toquecito de varita mágica desaparecen como las manchas después de un lavado con “Vanish”. Pero en vez de criticar por criticar y fastidiar ¿por qué no aprendemos de los errores? ¿Por qué no nos ayudamos en vez de buscar pegas de si te gusta como construyo o no la frase que estoy escribiendo? Si no te gusta perfecto, para eso somos diferentes, sólo faltaría que hubiera dos traductores iguales que lo vieran todo del mismo modo. ¡Qué aburrido sería leer libros, artículos o literatura! Ya ni te digo ponerte a hacer un trabajo universitario para comparar autores o traducciones. Así que ayudémonos. Ya se nos machaca lo suficiente como para seguir en esta dirección. Ayudémonos a aprender los unos de los otros. Yo sé esto y tu lo otro pero intercambiamos nuestro saber desinteresadamente. ¿Utopía? Si no lo intentas no lo sabrás.

Me equivoco y me equivocaré, pero cada vez menos intencionadamente. 

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27 comentarios sobre “El arte de reconocer tus propios errores y corregirlos a tiempo en tu traducción

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  1. No sé en qué te basas para llamar error de traducción lo de “Mancha”. Bien podría ser la adaptacion fonética al castellano ocurrida hace mucho tiempo. Este fenómeno es común; ejemplos: Londres, Florencia, Múnich, Moscú….

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    1. ¡Hola!

      Pues me baso en un concepto llamado “falso amigo”. No sólo lo encontrarás en este ejemplo, puedes encontrarlo en otras lenguas. En italiano, por ejemplo, si dices “salire” no significa “salir fuera” sino “subir (por unas escaleras)” y suma y sigue. Espero haberte aclarado alguna que otra duda 😉

      Saludos y gracias por haberte pasado por el blog,
      Olga

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  2. Soy traductor profesional desde 1973. El concepto lo conozco de sobra. Lo que pongo en duda es que el caso de “la Mancha” encaje en esa categor[ia. A menos que puedas respaldar tu afirmación con una referencia autorizada, no pasa de ser una opinión muy personal.

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    1. ¡Hola de nuevo!

      ¡Qué bien que haya tanta interacción y te felicito por tu extensa carrera profesional! Esta clase de aportaciones son las que más me gustan, ya que siempre es de agradecer que un ojo experto se pare por aquí.

      Estoy de acuerdo contigo con que en mis artículos puedes encontrar opiniones personales y otras muy personales, como bien defines. Para eso es un blog. 😉
      Con lo que también sigo estando de acuerdo es con mis fuentes de información donde escasean las opiniones y abunda la historia de la traducción, los análisis y casos científicos donde el estudio de la traductología se basa en técnicas, estrategias y otros detalles que, de las que sin lugar a dudas, eres buen conocedor. De ahí que te proponga la siguiente bibliografía en cuanto al error garrafal de la traducción del mítico “Canal de la Mancha” con estas sugerencias:

      1) LEONTARIDI, E., PERAMOS SOLER, N. y RUIZ MORALES M. (2007), “Amistades peligrosas: una aproximación teórica y una clasificación práctica de los falsos amigos entre el español y el griego moderno. Universidad Aristóteles de Tesalónica. En “Ogigia. Revista electrónica de estudios hispánicos”, nº2 julio de 2007, p.83.
      Te dejo el enlace por si te interesa la lectura: http://bit.ly/1TDMNGX

      2) PRIETO ARRANZ, J.I., (2004). “Translation in the L2 Classroom: a case study”. Universidad de Oviedo. En “Revista Canaria de Estudios Ingleses”, nº44 abril de 2004, pp.263-299.
      También te dejo en enlace: http://bit.ly/1IYcpZx

      3) Actas del IV Encuentro de Profesores de Español de Eslovaquia, (1999), 22-24/11/99.
      He aquí el enlace: http://bit.ly/1Z24Z0N

      Si te interesa profundizar más en los “falsos amigos” te propongo una exquisita lectura de García Yebra “traductor y maestro In Memoriam” de Pilar Blanco García de la Universidad Complutense de Madrid. Y también de la lectura de “Interferencia léxica y sintáctica de la segunda lengua en la lengua materna en un seminario de iniciación a la traducción” de Yañez Reyes y Susana Fabiola de la Universidad de Los Andes Táchira de 2006.

      Si necesitas más referencias autorizadas no dudes en escribirme, estaré encantada de proponerte más bibliografía.

      Saludos,
      Olga

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      1. ¿Ya has leído las 5 lecturas? Ostras, ¡qué veloz y cuánta prisa! Además de la bibliografía por escrito en la asignatura de “fundamentos de la traducción” de primero de Traducción e Interpretación se trabajan los falsos amigos. Entre otros muchos ejemplos encontrarás “el Canal de la Mancha”. Puedes dirigirte al Profesor L.Pegenaute de la Universitat Pompeu Fabra. Seguro que estará encantado de ayudarte con tus dudas tan concretas.

        Buenas noches y gracias de nuevo por tus interesantísimas aportaciones.
        Olga

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      2. Te me escapas por la tangente, Olga. Si este es un blog profesional, lo que pretendo es que respaldes tu afirmación con una referencia clarita y concreta. No me interesa el tema general ni dirigirme a nadie: tengo mis propias fuentes. Como profesionales, lo que afirmamos en público debe llevar respaldo claro. Hasta ahora, no has respondido concretamente. Repito: ¿quién y en qué obra autorizada afirma que “la Mancha” es un falso amigo? ¿Te importaría copiar la frase en qué se dice tal cosa? Si lo es, ¿cuál es el “amigo fiel; es decir, cómo se llama en castellano el canal?

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      3. En las lecturas está toda la información. No puede haber más referencias “claritas” que las que se han publicado por autoridades de diferentes universidades. Por cierto, ¿tu en qué lecturas especializadas te basas para no escaparte de tangentes? Mil gracias de antemano por tu aportación bibliográfica, a mí sí que me interesa pararme a leer su contenido.

        Saludos,
        Olga

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    1. Tus aportaciones carecen de fundamentos. Pides referencias autorizadas, se hace una propuesta con fuentes fiables y sigues insistiendo en que no encuentras la respuesta. Quizás lo más sabio aquí sería no criticar a compañeros de profesión y hacer tu también una propuesta bibliográfica donde se pudiera comparar ambas opiniones para sacar una conclusión.
      Si haces una lectura de lo que se ha ido publicando en el blog verás que una de las cosas que siempre repito, como si se tratara de un leitmotiv, es que las críticas constructivas son más que bienvenidas.
      Yo, sin ir más lejos, lo dejo aquí y te invito a que leas que siempre se aprende algo útil.

      Saludos,
      Olga

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  3. Tienes razón en tu afirmación de que se Çanal de la Mancha’ es un falso amigo y que antiguamente se le llegó a denominar Canal de la Manga. Bastó una consulta a un foro de traducción y una sencilla búsqueda en la Web para encontrar referencias fiables y concretas que no marean la perdiz. Yo no ponía en duda el concepto de los falsos amigos, solo pregunté por la fuente en que apoyabas tu afirmación. No solo para aclarar mi duda sino para beneficio de otros que te leen.

    Mis críticas a tu forma de responder siguen en pie: si uno afirma algo tiene que respaldarlo con referencias concretas y no mandar al que pregunta a buscar una aguja en un pajar. No es solo cuestión de mínima cortesía sino de respeto por tu público. Tan fácil que hubiera sido responder que de momento no tenías a la mano el dato concreto pero ibas a averiguar, en vez de arrojarme un montón de bibliografía general para que yo fme las arreglara.

    Si estás en los medios sociales ya deberías saber que se publican y repiten muchas falsedades y por ello algunos pedimos respaldo de fuentes autorizadas, pero concretas. !Ah, y que no sean de Wikipedia!, porque es el primer sitio que te aparece y solo te remite a alguien que afirma lo mismo pero sin aportar pruebas. Si esto no te parece una crítica constructiva, no sé que esperas. Sí he aprendido de este intercambio y espero que tú también.

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    1. Me olvidé de mencionar esto en mi mensaje anterior para beneficio de los preguntones e incrédulos como yo.

      En apoyo de tu afirmación de la falsa amistad del Canal de la Mancha, adjunto enlaces a varias fuentes documentales que lo dicen claramente. La primera es de Fernando Navarro, un señor traductor que siempre respalda lo que afirma. Me gusta en especial la de Galdós.

      http://www.medtrad.org/panacea/IndiceGeneral/n39-tradyterm_NavarroF.pdf

      https://books.google.es/books?id=nKWTxcfZm0QC&pg=PA31&dq=%22canal+de+la+manga%22&hl=es&sa=X&redir_esc=y#v=onepage&q=%22canal%20de%20la%20manga%22&f=false
      https://books.google.es/books?id=B0EcAAAAMAAJ&q=%22canal+de+la+manga%22&dq=%22canal+de+la+manga%22&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwiG05r4vtTJAhUBUGMKHYHADUMQ6AEIRTAH
      https://books.google.es/books?id=_hyfGvV4WMAC&pg=PA146&dq=%22canal+de+la+manga%22&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwiG05r4vtTJAhUBUGMKHYHADUMQ6AEITjAJ#v=onepage&q=%22canal%20de%20la%20manga%22&f=false

      Me doy cuenta ahora de que no aparece mi nombre y no quiero pasar por anónimo. Soy Gustavo A. Silva.

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  4. Hola:

    Gustavo Silva es una eminencia en el mundo de la traducción y siempre ha sido una persona que ha destacado por no dejarse llevar por cualquier publicación, sino por buscar fuentes de información concretas y sólidas. Me ha sorprendido que haya escrito en este blog, dado que hace mucho tiempo que lo encontraba ausente de las redes sociales y la blogosfera. ¡Qué alegría, Sr. Silva!

    Con independencia de que «La Manga» sea un falso amigo, en este caso creo que concurren más cuestiones que el falso amigo, dado que la traducción incorrecta del término se terminó aceptando tras el uso repetido del error. Lo mismo ha ocurrido con muchísimos otros términos, como «ciencia ficción», por ejemplo.

    Dicho lo cual, dado que esa denominación ya está más que consolidada —no es ha impuesto por el uso de las redes sociales ni en estos días modernos—, no creo que hoy pueda catalogarse «Canal de la Mancha» como un error y tampoco se pueda acusar a quien la usa de loro que repite el equívoco. Por lo tanto, habrá que esperar sentada a que se empiece a revertir ese error de ese «genio» de la traducción. Por desgracia, los falsos amigos son trampas fáciles para el traductor, tal y como los denomina José Martínez de Sousa, y todos podemos ser víctimas de ellos.

    Siento decirlo pero este artículo me parece un mal refrito, lleno de temas inconexos y agrupados con calzador. Coincido con el Sr. Silva en que quien habla de aprender de los errores no parece predicar con el ejemplo. Lo mismo ocurrió hace unos meses con otro artículo similar, cuando un lector se quejó de varios errores ortográficos en este blog y la autora se lanzó a degüello contra el autor del comentario. Como lectora, me he sentido ofendida por las respuestas hacia Gustavo Silva y hacia cualquier lector en el tono en que lo has hecho.

    Saludos

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    1. ¡Hola Sara!

      Me asombra leer que pidas que se publiquen tus comentarios y sinceramente, no entiendo a que te refieres con el comentario de “este blog”. Este blog es mi apuesta personal y su lectura no es obligatoria. No a todos nos gusta lo mismo.
      Volviendo a la temática anterior, creo que las fuentes de referencia deberían ser más sólidas que una pregunta en un foro de traducción, ya que como bien se ha dicho, también detrás de esa respuesta podemos encontrarnos con la misma calidad de Wikipedia. No cuestiono que en los foros haya especialistas pero tampoco se puede verificar siempre, ¿o si? Son mucho más fiables las fuentes de autores que se dedican a la didáctica de la traducción en instituciones de renombre como lo son las universidades. También, creo que la manera de presentar estas fuentes tiene a ver con lo que se quiere respaldar.

      Por cierto, esa lectora que se quejaba hace unos meses de la escasa calidad de “este blog” fue la misma que me ofreció un encargo de traducción…

      Saludos,
      Olga

      Me gusta

  5. Sara, creo que decir que la autora “entra a degüello” sobre errores ortográficos y justamente escribir un artículo sobre la condición humana de equivocarse no concuerda demasiado. Si tan ofendida te sientes, sinceramente, hay la libertad de no leer más el blog. No obstante, es de agradecer que no lo hayas hecho y que puedas dar tu opinión de forma totalmente libre.

    Personalmente no me parece un refrito. Me parece un ejercicio de reflexión muy interesante.

    Eso sí, permitidme que pueda dar mi opinión también desde la educación. Llevar contra las cuerdas a la autora tampoco me parece una gran benevolencia por vuestra parte. Y lo digo desde el hecho que creo que ambos, Olga y Gustavo, aportan bibliografía suficiente sobre el origen del ‘Canal de la Mancha’ y el debate de los ‘falsos amigos’.

    Creo que en el mundo de las verdades absolutas, no está de más la discrepancia y la disparidad de opiniones.

    Un saludo.

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  6. Estimados y Estimadas,

    de verdad no entiendo porque tantas gratuitas ofensas para Olga y por un pequeño detalle: esta publicación no me parece un ensayo de crítica literaria sobre el ‘Canal de la Mancha’ sino que trata de otro tema (reconocer sus propios errores en la traducción y posiblemente ayudarse recíprocamente entre colegas traductores/revisores porque veo que falta este espíritu de solidaridad y de humildad).

    Es la primera vez que comento a través del blog y no tengo una particular afición para su autora (que no conozco en persona), diferentemente de una tal Sara H. Becher que haría un pacto con el Diablo para que su ídolo Gustavo A. Silva no prolongara su ausencia de las redes sociales (después de leerlo deseo el contrario) que para mi son medios de comunicaciones útiles para construir puentes y buenas relaciones, no para echarse mierda entre miembros de la comunidad de traductores, lingüistas y filólogos.

    Relájense y saludos cordiales para todos,
    Davide Corizzo

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  7. Hola, Olga:

    Me parece interesante la publicación desde una mirada didáctica. Me gustaría que, si hay y las tenés a mano, me recomendaras lecturas académicas sobre la enseñanza (de Traducción, preferentemente, pero no exclyentemente), de la enseñanza sobre el error. Estoy queriendo escribir algo al respecto y empiezo por recabar información sobre el tema. ¡Gracias!

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    1. Hola JMG:

      gracias por haber leído el artículo y haberte pasado por el blog. La verdad es que la didáctica de la traducción es un tema apasionante. Yo misma estoy escribiendo un trabajo de investigación enfocado en la noción de la estrategia en el proceso de traducción. En cuanto a la didáctica misma, como no sé en qué lenguas trabajas, te propongo una excelente lectura en dos tomos de mi profesora y tutora de investigación Amparo Hurtado, toma nota:

      “Aprender a traducir del francés al español. Competencias y tareas para la iniciación a la traducción” de la Universitat Jaume I, editorial Edelsa 2015.

      Se trata de un manual de uso didáctico para el proceso de aprendizaje. Aunque el libro trata la combinación lingüística francés-español también puede utilizarse para otras lenguas. En él encontrarás muchos ejemplos, secciones y puntos que tratan sobre los errores.

      Ya me pasarás el enlace de tu artículo cuando lo hayas completado 🙂

      Espero que el título te sea útil. Un saludo y ánimos con la escritura,
      Olga

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  8. ¡Me ha encantado este artículo! Ahora sé por que en catalán el famoso “Canal de la Mancha” es Canal de la Mànega” (manga en catalán). Está claro que siempre se aprende algo si es que en verdad quieres aprender.

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  9. “la Mancha” encaje en esa categor[ia…

    Tienes razón en tu afirmación de que se Çanal de la Mancha’…

    El arte de reconoer tus errores…

    Un servidor tan solo es un modesto traductor que comete muchos errores en sus traducciones y en los foros en los que participa. Así que me abstendré de otros comentarios. Es evidente que no estoy a la altura para entrar en este debate entre eminencias.

    ¡Feliz semana a todos!

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    1. ¡Gracias, como siempre, por dejar tu huella y tu opinión en el blog Pablo! Para mí eres un punto de referencia del mundo de la traducción y la pureza lingüística.

      Un abrazo y que tengas una buena semana,
      Olga

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  10. Me parece que pocas cosas hay más enriquecedoras que un par de ojos ajenos leyendo o revisando una traducción que uno hizo, pero que sepan mantener la distancia entre el “aquí hay un error” y el simple “yo lo hubiera dicho de otro modo”. Hay muchas maneras de decir lo mismo y, a pesar de que el original puede guiarnos de manera que la gama de posibilidades se reduce, no hay una única manera de traducir una frase. Gracias por traer a colación la importancia de aprender de los errores, de mejorar nuestra manera de traducir enriqueciéndola con lo que ven otros, o con lo que vemos nosotros al día siguiente.
    Y me parece también que el ejemplo escogido para ilustrar el problema de los errores no fue el más acertado. Perdón que lo diga pero, ya que estamos hablando de aprender de los errores, se vale señalarlos. ¿Mis razones? Que la manera en que “La Manche” se convirtió en español en “Canal de la Mancha” es un proceso que no sabemos exactamente cómo se dio, así que compararlo con lo que hacemos como traductores hoy en día es bastante arriesgado y se presta a malentendidos como los que se han visto en los comentarios. Yo empezaría diciendo que ahí ni siquiera veo una traducción, sino la adaptación de una palabra extranjera a la fonética propia… en español hace 500 años no teníamos palabras terminadas en “-ch” (la e suena, pero levemente, para nuestros oídos hispanos prácticamente es sorda), y si venía con el artículo “la” lo más sencillo era ponerle la terminación femenina, y ya. De hecho, en francés ni siquiera se llama “canal” sino “La Manche” a secas. Y me pregunto si no habrá otras acepciones similares de “manche” en francés, así como en español llamamos “manga” a diversos tubos de tela o fibra usados con finalidades como registrar la dirección del viento o filtrar. Para ilustrar con un ejemplo semejante, y mostrar por qué me cuesta entender esa apropiación fonética de un préstamo como traducción, se me ocurren los muchos términos que el español tomó de las lenguas indígenas americanas… el xocolatl que se convirtió en chocolate (porque los conquistadores se las veían muy duras para pronunciar el par “tl”, el tomatl en tomate y el aguacatl en aguacate. Y los mexicanos se siguen sintiendo ofendidos cuando les escriben el nombre de su país con “j”, borrando esa huella del náhuatl tan importante en su cultura.
    Pero también puedo dar un buen ejemplo de un error garrafal de traducción, salido del distorsionado imaginario de un traductor, y que no pude corregir cuando tuve oportunidad, porque ya es un error consolidado y de cajón. A principios del siglo XX, el escritor Jack London publicó su novela “The Call of the Wild”, que en español se ha publicado casi siempre como “La llamada de la selva”. Como joven lectora, abrí la novela a mis 11 o 12 años, y cuál sería mi sorpresa al ver que allí no había ninguna selva ni Amazonia ni África tropical, sino la helada y septentrional Alaska. Y que llamada, así como llamada telefónica, ninguna, sino más bien un llamado, una vocación, algo que surge de lo más profundo del ser. ¿En qué estaba pensando el traductor? ¿O sería la editorial que tradujo, como hacen hoy en día las distribuidoras de las películas y nos ponen a reír? Años más tarde, traduje la novela para una editorial, y le planteé al editor mi idea de cambiar el título para “restaurarlo”. Mi opción era semejante al otro título que circula “El llamado de lo salvaje”, aunque yo pensaba más bien en “la naturaleza” que “lo salvaje”. Sueños vanos… El editor me explicó que entendía la situación, pero que el libro iba a formar parte del plan de lectura escolar y que con ese título se lo conocía. Si lo modificábamos, corríamos el riesgo de que ni los vendedores en librerías ni los maestros en las escuelas ni los papás en busca del libro ataran cabos y entendieran que era una nueva traducción, más ajustada al original, de la vieja “Llamada de la selva”. ¡Qué bien le habría caído a ese traductor salir a tomarse un café antes de volver sobre su traducción para luego entregarla! A lo mejor se habría dado cuenta de la barbaridad que es hablar de selvas cuando lo que tenemos son trineos de perros y glaciares.

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    1. ¡Hola Mercedes!

      Muchas gracias por tu tiempo y tu opinión. Me alegro mucho de que te hayas parado a escribir y compartir tu punto de vista y experiencia que seguro que a más de uno nos viene bien.
      Seguramente, podría haber escogido otro ejemplo pero me he basado en un concepto que me parecía fácil y sencillo de comprender. También, he estado leyendo y documentándome con varios artículos de profesores universitarios que suponen una autoridad a la hora de consultar fuentes de documentación. Sin lugar a dudas, una nunca deja de aprender. 🙂

      Saludos,
      Olga

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    2. ¡Buenos días Mercedes!

      Muchísimas gracias por compartir tu experiencia profesional e interesantísimo punto de vista. La verdad es que la traducción del “Canal de la Mancha” bien podría convertirse en un trabajo de investigación etimológico. Ojalá haya una persona interesada en averiguar qué proceso, lógica y aspectos se tuvieron en cuenta a la hora de traducir este nombre propio. Cuando te decides a emprender el camino de la investigación científica y te vinculas a una universidad te das cuenta de los múltiples temas que faltan por estudiar, analizar, averiguar… Espero que un día haya quien nos abra los ojos y nos aclare varios de estos “misterios” de traducción, al igual que hoy he podido aprender el origen de varios términos de las lenguas indígenas.

      Una vez más, gracias por compartir tu tiempo y experiencia.

      Saludos,
      Olga

      Me gusta

      1. ¡Con mucho gusto, Olga! Una de las cosas que he aprendido enseñando traducción, y revisando traducciones ajenas, es que resulta muy fácil decir que una traducción no es buena. Lo difícil es proponer una alternativa mejor. En el caso de la investigación, con frecuencia me he topado con académicos que desbaratan una traducción por razones nimias, pero no se fijan en los muchísimo aciertos. ¡Es tan difícil juzgar una traducción!
        Con respecto al asunto de los topónimos, como el dichoso Canal que nos metió en esta discusión, hay que tener en cuenta que durante buena parte de la historia no hubo “traducciones” como tales. ¿Acaso “Aachen” es la traducción al alemán de “Aix-la-Chapelle”? ¿O “Salamanca” es traducción de “Helmántica”? La perspectiva histórica nos altera mucho el punto de vista, y como tampoco hay documentos que registren esos cambios y sus razones, juzgar lo adecuado o inadecuado de un cambio de nombre es difícil, además de un poco injusto. Podrías terminar con historias tan sabrosas, aunque quizás apócrifas, como la del origen del nombre de lo que hoy conocemos como península de “Yucatán”. Dicen que un conquistador (o quizás su intérprete) le preguntó a un maya “¿Cómo se llama este lugar?” y él respondió muy seguro “Yucatán”. Lo que no sabían ni conquistador ni intérprete es que la respuesta del maya en realidad significaba “No le entiendo”. La historia de la palabra “kangaroo” es semejante. Y seguro que, de ser ciertas, la palabra a la que hacían referencia inicialmente la deformaron los que primero la oyeron, pues cuando no sabemos una lengua, no es fácil repetir las palabras de esta y tendemos a acomodarla a los fonemas y formas de nuestra lengua.

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