La salud lo primero, tu traducción lo segundo

Es difícil establecer un límite para un programa en concreto, ya sea una traducción, una revisión, un proyecto académico o cualquier otro tipo de tarea que se tenga entre manos y conlleve una fecha de entrega. Es más difícil aún lidiar con todo si poco a poco vuestra salud se resiente. Es entonces cuando nos damos cuenta de muchos aspectos: lo que antes nos parecía difícil ahora parece una auténtica tortura medieval.

Dícese que el cuerpo tiene memoria. Dícese que si no nos cuidamos desde cuanto antes mejor… la cosa empeora. Dícese muchas cosas sobre todo de nuestra salud, de los síntomas del cansancio y de otras varias señales que nos dan pistas. De algunas ya hablamos hace algún tiempo, en cambio hoy hablaremos de otros aspectos con el fin de concienciar a los más resistentes en los que me incluyo yo misma.

Y si se tratara solo de resistencia todo sería más fácil, pero aquí hay: facturas a final de mes (y no, los traductores no vivimos del aire y de los rayos de sol y tampoco nos levantamos con un billete de 500 € debajo la almohada cada mañana), tenemos obligaciones con nosotros mismos, fechas de entrega que ya hemos confirmado, estudios académicos que nos hacen sentir culpables si dedicamos dos horas de nuestra tarde para ir al gimnasio y mil cosas más. Y a pesar de todo esto, si no nos duele nada muchas veces ni nos damos cuenta de lo importante que es la salud.

Hace unos años, trabajaba y estudiaba a tiempo completo (como siempre). Me daba cuenta que llegaba agotada a las últimas horas del día y que no tenía ni ganas ni fuerza de salir a tomar un café, una copa o ver a mis amigos. Pero nada de eso importaba porque todo iba viento en popa. Todo iba tan bien que al final del curso académico padecí el síndrome del trabajador quemado, vulgarmente conocido como burnout. Pasa, se cura y adelante. ¿Verdad?

(…) tenemos obligaciones hacia nosotros mismos… Y a pesar de todo esto, si no nos duele nada muchas veces ni nos damos cuenta de lo importante que es la salud

Hace unos años que sigo trabajando y estudiando: mi doctorado es uno de los mayores proyectos que jamás haya querido llevar a cabo que me enorgullece y que, al mismo tiempo, me preocupa. Tampoco quiero dejar de trabajar para dedicarme al estudio en cuerpo y alma. Quiero ganarme la confianza de mis clientes y del equipo con el que trabajo. Quiero tener más experiencia laboral. Y como soy de esas personas tozudas a más no poder: cuando empiezo un proyecto lo acabo. Cueste lo que cueste, de verdad. Nunca he abandonado el barco y aunque haya momentos en los que quisiera dejarlo todo, simplemente no puedo. No puedo porque tengo un sentimiento de culpabilidad alucinante que a veces no llego a controlar como me gustaría. Sí que controlo el tiempo y mi calendario, pero el pensar que estoy perdiendo tiempo si quedo con alguien para tomar un café que se alarga más de la cuenta me hace sentir culpable. Culpable de no haber invertido ese tiempo en mi proyecto, en no haber podido avanzar con el estudio y el análisis aún más y mejor, culpable de no haberme organizado lo suficientemente bien dos días antes por estar cansada, culpable de esto y más. ¿Os suena? Pues sí, se trata de un sentimiento horrible que me hace sentir como un robot programado para automatizarlo todo. Y esa carga de trabajo y esa carga de peso mental pasan factura. Este año he sufrido mucho: he tenido una gastroenteritis de casi dos semanas que me ha obligado a coger una baja – atención – de ¡dos días (a más no he querido obligarme)! He tenido un problema con las encías cuando fui a hacerme la limpieza dental de rutina que no debería haber tenido (palabras literales de mi dentista), he tenido dolores de estómago por lo nervios, problemas con el sueño, estrés, dolores de cabeza, dolores de garganta, dolor de oreja (y pensaba que había cogido una otitis de caballo), he tenido momentos en los que no me apetecía comer nada y de repente me lo quería zampar todo… Y además este mes de noviembre me toca pasar por quirófano para eliminar un tumor que me dejará en cama de entre dos a cuatro semanas, así que cruzad los dedos de manos y pies para que todo salga bien, por favor.

Así que he pensado que quería explicároslo todo. Quería compartir estos meses de frustración, de poco tiempo, de demasiada carga de trabajo y de cada vez menos salud para evitaros cometer el mismo error.

¡Ya está bien con lo de sentirse culpables (tengo que intentar aplicármelo más efectivamente)! ¡Ya está bien con la sobrecarga de trabajo! Si no se logra llevar a cabo una tarea significa que por muy bien que estemos organizados no debemos sobrecargarnos de proyectos y demás obligaciones. No significa que no estamos preparados o no somos lo suficientemente buenos en algo. Tenemos una sola salud y debemos cuidarnos, ya que cuando la echemos en falta no podremos seguir trabajando al mismo ritmo. Y mejor darse cuenta de ello cuanto antes. No esperéis, como yo, a que vuestro cuerpo os mande señales tan obvias como las mías. Descansad, id a pasear, a hacer deporte, quedad con vuestros amigos, familiares, disfrutad de la vida sin daros explicaciones ni a vosotros mismos. Organizaros siempre de modo que tengáis tiempo de hacer lo que debéis y lo que queréis. Es obvio que siempre se puede aprovechar mejor el tiempo y controlarlo con aplicaciones u otros dispositivos y ya hablamos de ello en el blog. Siempre hay margen de maniobra y todo lo que se puede solucionar se soluciona. Pero no os olvidéis de desconectar: de todo y de todos. Así que adelante, traductores: la salud lo primero, tu traducción lo segundo.

15 comentarios sobre “La salud lo primero, tu traducción lo segundo

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  1. Hace años te leo y te admiro por lo correcto de tus posts y la generosidad de compartir todo lo que aprendes y haces, y valoro mucho que compartas lo que le ha costado a tu salud. Tu gran capacidad te empuja a querer aprovechar cada minuto, sin dejarte ver que nada vale más que estar sana. Toma las cosas con calma, y deja que tu cuerpo se restaure. No creas que debes correr a la par del mundo, y respeta y disfruta tu ritmo. Te lo digo con la experiencia de mis 49 años y varias caídas. Que descanses un poco no hará que seas menos genial.

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    1. Muchas gracias por este mensaje tan especial. A través del blog intento compartirlo todo y he llegado a tal punto que lo que publico es un reflejo de todo lo que hago y lo que “predico”.

      Y siempre se agradece que colegas de profesión con más experiencia compartan sus consejos y su propio camino con los demás.

      Muchas gracias, una vez más, y un abrazo,
      Olga

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  2. Ya te salió «la vena polaca» (dicho sea con todo el cariño del mundo 😉 ). Todos los polacos que he conocido son así: perseverantes y perfeccionistas hasta más allá de toda comprensión y límite. Desde mí modesto punto de vista, es una gran virtud.

    Pero no todo es trabajo y obligaciones. También hay que salir y divertirse. Al final, lo que de verdad te vas a llevar de esta vida son las «experiencias»: el viajara países más o menos exóticos, el haber conocido otras culturas y formas de pensar muy distintas; el tener amigos de verdad que pueden estar o no, pero de los que sabes a ciencia cierta que puedes acudir a ellos en los momento difíciles y así sigue. Y eso, al final, es más importante que cualquier trabajo.

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    1. Hola, Pablo:

      tienes razón, es por eso que intento “robarme” algún que otro fin de semana para desconectar y si puedo para viajar. Creo que la disciplina es marca de la casa en Polonia, o por lo menos en mi casa. Y es justamente esa disciplina la que pasa factura muchas veces. Gracias por tus buenas palabras.
      Un abrazo,
      Olga

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  3. Todos los profesionales hemos sentido eso alguna vez, nos justificamos diciéndonos que somos apasionados, que somos dedicados y de alta calidad, pero todo tiene un costo y cuando la vida nos pasa la factura, la cuenta es elevada. Espero que tu salud mejore, que tomes un descanso sin culpas y que continúes haciendo lo que te gusta, pero teniendo cuidado de ti misma. Saludos desde México.

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    1. Hola, Frank:

      muchas gracias por tu mensaje y por los ánimos. El descanso es lo que más necesito en estos momentos, aunque hasta diciembre nada de nada. Eso sí, tengo que bajar el ritmo e intentar disfrutar más de todo.

      Un abrazo desde Luxemburgo,
      Olga 🙂

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  4. ¡Hola, Olga!

    Ahí, por desgracia, hemos estado muchos, y es frustrante ver cómo, a pesar de querer aparcar, el calendario de obligaciones te obliga a dejar a un lado horas de sueño, comidas, conversaciones y tiempo de desconexión. Y, claro está, nos acaba pasando factura. Siempre.

    Por suerte, en los últimos años gozo de muy buena salud, y quiero pensar que, en parte, es porque he aprendido (a bofetones, como casi todo el mundo) a saber parar a tiempo antes de empezar a acusar las consecuencias físicas y psicológicas del estrés prolongado.

    Aunque digas que hasta diciembre no te lo puedes permitir, saca tiempo de algún lado. Anula algún proyecto explicándoles la situación. Yo he tenido que hacerlo por ese motivo y, sabiendo que no es lo habitual, lo han entendido perfectamente y, pasado un tiempo, han seguido contactándome como si nada. Es más, he visto cómo la relación profesional se reforzaba por haberles hecho ver que no podemos separar al profesional de la persona y que, si uno lo pasa mal, el otro se resiente más tarde o más temprano.

    Abrazote itañol y adelante, que puedes con esto y más. Pero a tu ritmo.

    Carlos

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    1. Hola, Carlos:

      estoy de acuerdo contigo con que hay que saber decir “stop”. Seguramente a más de uno le cueste hacerlo por sus razones personales y profesionales. Cuesta más aún si estamos en una espiral que va a toda pastilla. Vivimos en una sociedad consumista en la que lo queremos todo listo cuanto antes. Trabajar en el ámbito del marketing me ha hecho pensar más en el cliente y menos en los que estamos detrás. A eso le añado el mundo académico y ya tenemos la receta para un “boom” sonoro y bien grande. Ahora con la cirugía de noviembre me lo tomaré todo más a consciencia, ya que salud solo tenemos una. Y a cuidarse, que ya me toca.

      Un abrazo y gracias por tus palabras y consejos,
      Olga

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    1. Hola, Livia:

      muchas gracias por tu mensaje y por los ánimos. Me estoy dando cuenta de los muchos compañeros de profesión que han superado el estrés y otros aspectos negativos de su salud. Esto me anima mucho, ya que veo que no estoy sola en toda esta espiral.

      Y en cuanto a la cirugía, si tiene solución se soluciona. Así que es lo que toca en noviembre.

      Un abrazo,
      Olga

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  5. Hola, Olga

    Qué buen tema, te lo dice alguien que se dejó llevar hasta tocar fondo con el deterioro de la salud: síndrome de burnout, agotamiento físico y mental, estrés crónico hasta llegar a la depresión severa. Luego de años de recaídas, volver a recuperarse en casa, a lado de sus seres queridos, y finalmente seguir la lucha desde hace año y medio con un cáncer de mama, hoy sigo en la lucha. Hago menos traducciones, comparto mi vida con otro tipo de trabajo y compañeros, y entiendo perfectamente la bendición de alguien que dice que primero está la salud y el resto después.

    Te deseo lo mejor, eres joven y saldrás bien, disfruta de la vida, sobre todo comparte con tus seres queridos.

    Un abrazo fraterno de mi ciudad de Luque, en Paraguay.

    Rosa Beatriz.

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