Desinformación y fuentes fiables: estrategias de (des)comunicación

Hace ya unos años que nos vemos bombardeados de información que llega por todas partes, por todos los canales posibles y en todas las lenguas inteligibles que entendemos. El fenómeno de las “fake news” nos es familiar. Hay estudios que describen este fenómeno como arma empleada con toda libertad para conseguir ciertos fines. Lo mismo sucede en nuestro ámbito (en la traducción) donde hay: tanta información, tantas fuentes “fiables” que cada vez cuesta más saber en qué podemos basarnos para producir un producto final de calidad. Veamos dónde nace la desinformación como arma de batalla para muchos y qué podemos hacer para determinar la veracidad de nuestras fuentes de consulta.

Los orígenes de la desinformación

Para encontrar información relativa a la desinformación tenemos que retroceder hasta el año 480 a. C. cuando persas y griegos lucharon en el estrecho del mar Egeo. Los griegos ganaron la batalla al engañar a los persas mandándoles a un falso traidor griego que les aconsejó tomar un camino por mar donde Temístocles les esperaba con su flota. Los persas se fiaron del falso traidor que los griegos les habían enviado, ya que anteriormente ya habían ganado batallas gracias a la información recibida por parte de la figura del soldado traidor: los griegos se aprovecharon de ello mandando esta vez a un falso traidor para desinformar a los persas esperando que estos cayeran en la trampa. Y así fue.

La desinformación ha sido empleada como estrategia de muchos imperios que la han usado para difundir su ideología, ganar batallas y/o ganar adeptos (tal y como hizo y todavía sigue haciendo la iglesia hoy en día). A medida que pasa el tiempo y junto a los grandes avances tecnológicos, podemos darnos cuenta de cómo el recurso del engaño va ganando terreno. Otro ejemplo de ello lo encontramos en la figura de Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda del régimen de Hitler. Goebbels tomó las riendas de todos los canales de comunicación de esa época para difundir la ideología nazi, el miedo y mentiras construidas unas encima de otras como si se tratara de adoquines como estrategia de (des)comunicación general.

La desinformación fue empleada como estrategia de muchos imperios que la usaban para difundir su ideología, ganar batallas y adeptos

Todas estas situaciones se repiten una y otra vez con ejemplos más actuales como: la guerra de Iraq y las supuestas armas de destrucción masiva que nunca se han encontrado, la campaña política de Trump, el Brexit que se vio ayudado por una fuerte campaña de mentiras y desinformación para crear miedo entre los que votaron para separarse de la Unión Europea (documentado por el profesor de ley europea de la Universidad de Liverpool Michael Dougan) o incluso el COVID-19 del que sabemos mucho y nada.

¿Y cómo determinar la fiabilidad de una fuente ante tanta desinformación?

Existen criterios de fiabilidad que deberíamos aplicar para verificar nuestras fuentes. Se trata de una serie de preguntas que debemos plantearnos para analizar si la fuente que consultamos es fiable:

Cómo 1)    Cómo se ha encontrado la publicación: ¿fácilmente, difícilmente?

2)    ¿Es relevante para nuestro propósito o nos da algunos indicios más o menos útiles de lo que buscamos?

3)    ¿Aporta suficiente contenido de calidad a nuestra búsqueda?

Quién 1)    ¿Quién es el autor?

2)    ¿Es un punto de referencia en su ámbito?

3)    ¿Tiene más obras que haya escrito de este ámbito?

Por qué 1)    ¿Por qué tiene autoridad esta persona para hablar sobre este tema en concreto?

2)    ¿El autor há publicado otros artículos/libros/estudios sobre la misma temática y hay una evolución de los resultados?

Qué o cuál 1)    ¿Cuál es el propósito de esta fuente: informar, presentar resultados de una investigación, dar a conocer su propia experiencia en un ámbito en particular?

2)    ¿En qué medio se ha publicado el artículo/libro/estudio que se está consultando?

3)    ¿Es un medio de comunicación fiable y reconocido o más bien un blog poco conocido, un foro o Wikipedia directamente?

Cuándo 1)    ¿De cuándo data el artículo/libro/estudio? artículo/libro/estudio?

2)    ¿Ha habido más publicaciones posteriores?

3)    ¿Se ha continuado a analizar/verificar/estudiar el ámbito del que trata la publicación?

Dónde 1)    ¿Dónde se ha encontrado la publicación: en la red, en una biblioteca, en una institución de renombre?

 

Son muchas preguntas, pero son algunas de las que pueden ayudarnos a establecer la veracidad de las fuentes que consultamos porque podríamos seguir haciéndonos otras preguntas para lograr lo mismo.

En la era digital en la que nos encontramos, cuesta aún más determinar la veracidad de muchas de las fuentes que consultamos y que nos parecen fiables. He aquí un gráfico en el que se recogen y clasifican algunos de los principales medios de comunicación según se trate de prensa sensacionalista, de alto o bajo rango, etc.

 

Cabe destacar que para determinar si un artículo/publicación/reportaje presenta los indicios necesarios de fiabilidad es necesario determinar si: se trata de hechos reales, de análisis basados en hechos o en acontecimientos demostrables, como por ejemplo, estudios o bien si se trata de opiniones que se basan en hechos y/o estudios. Ahora bien, la calidad y fiabilidad de una publicación puede variar en función de muchos aspectos y deberíamos ser capaces de verificarlo nosotros mismos a través de los recursos que tenemos a nuestro alcance. Y lo que no deberíamos olvidar es que siempre hay que verificar dos veces una misma fuente, por muy fiable que nos parezca. Por si las moscas, como dicen.


Bibliografía:

  • Ortega, V. (2018). The Chart, Version 3.0: What, Exactly, Are We Reading? Ad Fontes Media. Consultado en línea el: 04/03/2020. Disponible en: http://bit.ly/2VKA686
  • Pinto, D. (2016). La desinformación como estrategia en la democracia. Instituto Ortega-Vasconcelos de México. Consultado en línea el: 04/03/2020. Disponible en: http://bit.ly/2VIiidC

2 comentarios sobre “Desinformación y fuentes fiables: estrategias de (des)comunicación

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